Te espero


Ven, acércate… ¡hagamos
como si nos conociéramos! Deja tu mano
revoloteando bajo el alud de mi conciencia, exhala lento
una nube negra de hormigas como letras de tu nombre
posándose sobre mis pestañas
para que abran los ojos y los espejos
a esta vida nueva.
Ven, trae la sábana curva, pista ilimitada de despegue
de tu cuello, que sostiene como un paraguas invertido
el arco rosa
de tu sonrisa.
Yo estaré aquí, pendiente,
como un niño con la raya recién hecha,
oliendo a colonia de esperanza primera
escurriéndose cálida sobre las arrugas de la vida.
Ven, enciende el silencio que golpea su eco sordo en medio del pecho,
el mundo reverbera ya ansioso sobre las sombras intangibles de tu cuerpo
que no conocen estas manos de arena.
Atrévete… haz como
que me amas, quizás nos envuelvan sediciosas luces de farolas
danzando alrededor, recomponiendo las calles para crear
al encontrarnos
nuestro propio universo.
.
.
.

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