Reconexión


Abrí la caja despacio.
Tenía un manual de instrucciones desmesurado,
como si estuviera concebido
directamente
para abandonarlo.
Saqué aquel aparato casi sin mirar,
como el que alumbra algún tipo de ser
hasta guiarlo confuso a la vida.
Lo coloqué en el centro de la habitación,
estrella de un cosmos apagado,
sin saber si podría empezar a latir,
respirar desde los cables y llenar
su mecanismo de energía.
Estiré la mano hacia su corazón
y encontré
un ligero temblor
como si me llamara desde un limbo donde esperaran
los que no pueden llegar solos a la existencia.
Enfrente, en el espejo
encontré de pronto mi imagen helada,
agarrando aquella víscera de metal
y, tan solo entonces, entendí
que mi corazón también está parado,
encerrado en el centro de esta habitación,
sin libro de instrucciones
y, esperando
que una mano conmovida me lo arranque de cuajo
-pero mirándome a los ojos-
y lo empuje de nuevo adentro
mojándome los labios,
para traerme, juntos, a la vida.
.
.
.

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