Promesa blanca


¡Esta tan hermosa la noche!
Cuelgan estrellas como guirnaldas infinitas.
El cielo se eleva, inabarcable
fondo negro que se traga cada
palabra inconfesable,
en un silencio orquestado que nubla
cualquier vida.
Es una noche fecunda como un racimo
de jugosos deseos, congelados
tan blancos, allá, donde nada
puede derretirlos,
un inmenso imán
para los elásticos ojos peregrinos
que, a la vez, de conmoción palpitan.
Quisiera poder guardarla en un cuarto sin techo,
para ver como gotean
sus luciérnagas dormidas, hasta rozar mi cabello,
y dejarme empapar por la brillante afonía
de su belleza insondable, y su promesa
arrebatadora
de eterno regreso.
¿Serás tú así cuando llegues,
piel de cometa cayendo
a diario
sobre cada poro de mi universo?
.
.
.

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