Huella


Recuerdo aquel año,
el aire entrando en tu pelo cubriendo de oro su aliento,
la espuma del mar entre tus muslos vistiendo el deseo
de sal
y tu sonrisa…
el verano rodando como un lienzo sobre nosotros
colmando de azul aquel pedazo de mundo.
Como una verdad tu nombre impreso en cada futuro horizonte de mis ojos
coloreando todo de ti,
atravesando paisajes y objetos con la llama de tu rastro,
tu complicidad y aquella pausa
antes de comenzar a reír, como reconociéndome,
dando forma al instante.
Recuerdo aquel tiempo
de mosquitos y bicis recorriendo desconocidos caminos y la tarde
resbalando su luz tras los eucaliptos,
abriéndonos la piel a la vida.
Aquel pellizco en el pecho
cuando septiembre llegó en estampida llenando de paredes el cielo,
tu nombre en mi pupitre, grabado
como una palpitante huella que nunca dormía y mis dedos
repasando su memoria despacio, trayendo el mar
como olas de letras vivas salpicando desnudas mis labios,
y a cámara lenta
tu rostro, borrándose con destellos de un mañana
que nunca fue nuestro…
Saltando va desde entonces distinto de uno a otro cuerpo,
tiñendo de la voz su contorno, entonando el halo que envuelve toda sombra…
Dime, ¿será que alguna vez
vendrás, de la nada, a quedarte?
.
.
.

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