De otro lugar

 

Tenía los pies curvados, como aletas dispuestas al oleaje, 
empapadas luces en sus ojos, 
brillando. Su madre
decía que eran fruto de cuando nadaba dentro de ella. 
La había sentido moverse como si buceara en un lago, y la recorriera 
a brazadas infinitas. 

Sus manos azules y su afinado rostro buscaban la humedad de las aceras, 
los charcos de mansedumbre que el devenir iba posando, 
de puntillas, 
en su deambular de anfibio tras el infatigable tráfico. 

Su voz parecía licuarse en su boca, mientras las preguntas 
iban sumergiéndose en las orillas 
del salpicar de sus pasos.

¿Qué hacía allí? ¿Qué hacía aquí, en este mundo?

Miro a las estrellas, 
y le parecieron de agua.

De un salto, se metió de lleno 
en algún océano 
que oscilaba bajo la realidad de los días. 

Profundo, leeejos, 
…y el silencio…

… los ojos 
abiertos…

un mar por explorar, y ella, ya sólo
sirena para recorrerlo.

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*Para todas aquellas mujeres, que sienten necesidad de libertad

En busca de un horizonte submarino

Hay a lo lejos una avalancha de ahogados que llevan mi nombre.
Lo llevan escrito en los eslabones de una cadena larga
que los sujeta a lo profundo de la marea como un hilo que bailara
su muerte en el silencio.

A veces los despierto y me saludan con una sonrisa de tierra.
Se meten bajo mi piel como si vivieran de nuevo en las entrañas de los días
y dejan corales en mi corazón que se conmueve ante sus ojos fijos marinos,
peces del olvido que naufragan en sueños que el destierro ciega.

Todos son,
los hombres que fui, aquellos
que rocé de posibles con los dedos de humo de los quisiera
y tuve que dejar para que andaran su camino submarino de la renuncia y el hambre.

Han ido formando en lo hondo una constelación de asesinados adioses 
tatuados detrás de mis ojos
donde la marea choca, si la oyes,
y deja un brillo metálico de auxilio que desenfoca las pupilas del ahora.

Desciendo hasta encontrar sus rostros de desconcierto en tránsito maldito,
y les susurro alguna mentira que he aprendido en las tablas de la aquiescencia,
como dando esperanza a su renacer consciente
cuando su piel de escamas araña cicatrices profundas en mi inconsciencia.

Me dicen con voz de lastre que los olvide,
que me olvide de mi por tanto, que sea alma de porvenir tan solo, y sin embargo
hay un ímpetu en su aliento que me impulsa hacia las emociones que persiguieron
como pájaros de agua que nadaran en vuelo sostenido hacia un horizonte inexistente.

Por ello los sostengo, dejo sus cadáveres flotando en el resucitar de mis gestos
y abro mis manos a su abrazo de telaraña acuática, para quedarme prendido
inundado de sus deseos, porque de todos soy,
soy… y sigo, ¡sigo siendo!
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La vida debió ser esto

La vida debió ser esto:
crear un puente de sábanas
y ser barco que lo cruza.

Pintar de estelas los pliegues
de tu palpitante océano
removiendo tu piel de agua.

Y así… ¡flotar!, entre las calas secretas 
de tus muslos, dibujando un corazón 
sobre tu arena de seda con la lengua .

Permanecer en destierro de este mundo 
agitado en la marea de tu boca…
…con la sal -¡toda!- esparcida en nuestras dunas.

Y ser como de isla licuada en tu cuerpo
fundiéndose melosa en el vaivén almo
de mis peces cruzando mares de espuma.

La vida debió ser esto: puerto dulce
entre abruptas cordilleras, naufragar
queriendo… para abrir del alma las branquias.

Y respirar del amor,
ahogando para siempre 
al hombre que te navega.
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Ícaro

Te lo dije. Te dije que lo haría,
que subiría tan alto, ¡que llegaría!,
que llegaría aún más lejos, ascendiendo como un eclipse que no llega,
pues va sobrevolando cada vez la mirada del mundo…

Y me entró vértigo, ¿ves? me quedé como inmóvil,
con las alas plegadas como la respiración contenida del sueño,
el infinito a las espaldas dándole morada a cada miedo,
los ojos como remos trazando en el aire espumas del olvido.

Iba tan alto, ¿sabes? ¡Iba tan alto!,
dejando atrás, alzando cualquier invierno a la periferia del sosiego,
escalando como lo hace la mañana en el horizonte más sombrío,
que me olvidé de respirar mis emociones, y empezaron a caer
hasta clavar en la tierra mi alma lejos de mi cuerpo que aleteaba perdido.

Este traje de ángel es una armadura de hierro, amor,
flota si la pasión lo impulsa y lo hunden
los rayos del desapego.

Si te preguntan qué fue de mí, cuando te portaba a mi cielo,
diles que allí sigo, ¡y que te llamo!
diles que te llamo aunque me veas arrastrar por el suelo la culpa del descenso,
de descender y desmoronar este universo nuestro 
que aún finge ser mío.
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Inacabable brevedad

Se me rompen entre las manos 
mis ojos al mirarte. Se hacen de vidrio, de uno tan duro 
que se descuartiza punzante como lo hace la noche,
dejando desparramadas temblorosas estrellas.

He recogido sus pedazos para juntarlos.
Los he amasado como el que quisiera hornear los recuerdos
y calentarlos a la luz de un pensamiento precedente que enfocara la mirada.

Mas el tiempo duele amor, 
y los remiendos de las pupilas sangran luciérnagas con rencor en sus alas,
que sobrevuelan a duras penas la conciencia apagándose más allá de los deseos .

La vista es un animal herido amor, que busca tu pecho para desaparecer
y morir despacio saboreando el ardor inquietante de la vida y su veneno,
el vértigo de un asceta que perdiera el equilibrio en el precipicio infalible de sus miedos ,
el colapso de un mundo que estallara en el cielo irremediablemente oscuro del olvido.

Esta ceguera me sostiene apenas, 
veo tan sólo mis brazos incontrolables serpenteando en el vacío,
mientras mis pasos se adentran en el mar para hundirse en su fondo 
mirando hacia la superficie y la luz que brilla 
lejana como el péndulo del silencio.

¡Y las chispas son tan hermosas desde esta profundidad inmisericorde del hastío!
Una gaviota agita sus patas, a lo lejos, dejando alguna sonrisa escurrirse de su pico fiero.

No nos dijeron que el enamoramiento era una lluvia fortuita,
el rayo que desciende para dejar el calor de su memoria,
la incontinencia del cosmos que desconoce la saciedad de la tierra.

Hoy, flotan en esta marea pedazos de mis ojos,
trozos de mi entre los que descubro, 
gotas que la eternidad va escanciando, 
un plancton que navega con la sal verde de tu nombre ligado al mío.
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Burbuja

Adentrarme en esta burbuja
que insufla de los sueños su aliento
es
escapar un poco…

Desvanecerme
en este lirismo que abre con sus alas mi nombre.

Dejarme caer despacio, y abrir una puerta de secretos silencios,
una puerta callada hacia alguna cueva confortable donde la cal no toca al corazón dormido,
tan solo deja un suspiro de limbo, como un equinoccio del alma
naufragando en una tibia balsa de voces en almíbar,
inoculando a la realidad partículas de instantáneo olvido.

Y esa realidad me abandona -ya me voy-
en esta atmósfera indemne de comisuras,
redimida del presente como si fuera una brisa sin tiempo.
Necesitaría pinchar esta pompa y su guarida cristalina,
y volar si puedo aún de repente,
llegar allí donde el verbo es un guiñapo de ausencias,
recorrer por las calles la vida que se cuela por la distancia que separa los ojos del recuerdo,
abrir la ingenuidad etérea de su aire a la crudeza azul de las farolas
y dejar un testimonio de esperanza bajo su luz amarilla como de autopista rendida.

Me llamareis iluso, y sin embargo,
a veces no hay algas que anuncien la primavera bajo el agua,
ni ángeles que circulen blancos por vagones de anhelos en ruta hacia la nada.
En la tierra se abre una muerte inmaculada cuando el sentimiento se desnuda
y en su combustión deja sus opacas cenizas cubriendo de gris la marea baja.

Así que, dejadme flotar un poco dentro de este éter
mientras la marea crece,
dejadme en libertad para renacer
entre la policromía infinita de las palabras.
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Mi vida en tu planeta

 

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Ya sé que dirás que soy sólo un hombre de costumbres.
¿Qué decirte? Tienes razón… No pude
habitar en tu planeta. Ver a lo lejos orbitar mi mundo
como una lágrima forastera que flotara
en el vacío infinito, dando tumbos
como si quisiera salirse de su trayectoria
para atrapar a mis ojos emigrantes entre sus curvas, cuencas vacías
que vivían sin el reflejo de su tierra.

Navegando en la capsula del hipersueño, mi corazón volaba
hacia ti, igual que se alejaba entre las estrellas.
Abrazaba aquel vuelo sideral
como si me adentrara en el corazón cósmico de la rosa,
sin comprender que ésta no puede cortarse
sin dejar sus pétalos perdidos en el espacio.

Y fue un despertar de branquias cerradas
para abrir unas fosas nasales de anfibio a un aire de destierro,
boqueando, en una superficie de abismos,
hasta aprender a caminar con escafandra,
dando pasos palmeados entre uñas marcadas en el frío.

El amor no es suficiente,
amor,
cuando se atraviesa la Vía Láctea.
y se van desintegrando los meteoritos del acervo.

Háblame de galaxias, de firmamento si quieres,
pero deja en paz mi atmósfera
donde el aire es mi elemento,
y la música está viva entre las carnes del cielo.

Dirás que el Universo es pequeño,
que la felicidad es de los que viajan,
de una maleta siempre abierta para sumar constelaciones a los sueños,
y te creeré,
pero sin embargo,
hay lugares en los que no crecen las palmeras,
y en los que el mar se vacía dejando a los peces sólo los charcos del olvido.

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